El poder de las creencias en la venta

El poder de las creencias en la venta

Quiero empezar este artículo compartiendo contigo la siguiente reflexión: ¿Cuántas veces has visto formaciones que trataban sobre las ventas cuyo contenido principal versaba sobre diferentes estrategias y sistemáticas para vender? En las siguientes líneas vamos a ver otra forma de vender muy interesante que tiene relación directa con nuestros procesos mentales, lo cual nos va a llevar a descubrir las ventajas de trabajar con las creencias.

El increíble poder de las creencias en las ventas

Está comprobado que las creencias influyen notablemente en el éxito comercial. De hecho, distintos estudios han evidenciado que las creencias que tú tienes sobre el producto en cuestión influyen en los procesos de compra.

Hay una tendencia a vender mejor aquellos productos en los que creemos que aquellos otros que nos resultan menos convincentes.

Pregúntate sobre tus creencias y los productos o servicios que vendes. ¿Los comprarías? ¿Qué es lo que a ti te gusta más de lo que vendes?

Las creencias son las bases de las acciones comerciales, ya que son el sistema operativo bajo el cual interpretamos el mundo. De esta manera, las convicciones que tenemos sobre la venta influyen en la consecución de los objetivos comerciales.

En este punto, me gustaría llevarte a otras dos reflexiones: ¿qué opinión tienes sobre la propia venta? y ¿qué emoción te genera el propio hecho de vender?

Albert Einstein decía que “si quieres resultados diferentes es interesante que cambies lo que haces”. Lo que haces es consecuencia de lo que piensas y va unido a lo que sientes. Por lo tanto, antes de empezar a cambiar conductas externas, da un giro a tus creencias y pronto verás como los cambios en tus creencias te conducirán directamente al cambio de los comportamientos y las conductas.

En el siguiente ejemplo podrás ver el poder de las creencias en el efecto placebo.

La evidencia definitiva sobre el poder de las creencias.

La facultad de Medicina de Baylor quiso evaluar la eficacia de la cirugía en pacientes con dolores graves de rodilla. El médico que realizó el estudio creía que en las intervenciones quirúrgicas no existía el efecto placebo. No obstante, quería averiguar qué parte de la cirugía era la que provocaba la mejora de los pacientes. Para ello, hizo tres grupos. Por un lado, estaban aquellos pacientes a los que se les había rebajado el cartílago dañado. Por el otro, aquellos a los que solo se les limpió la articulación de la rodilla. Y, por último, aquellos que recibieron una falsa cirugía. A este tercer grupo se les hizo creer que habían sido operados, por lo que les hicieron las mismas incisiones siguiendo el mismo protocolo en el quirófano que en cualquier intervención de las mismas características. Incluso en el post operatorio todos recibieron los mismos cuidados.

Los resultados fueron totalmente inesperados y sorprendentes. El tercer grupo mejoró tanto como los otros dos grupos anteriores.

Teniendo en cuenta que esto se puede extrapolar a otros campos, y haciendo hincapié en todas las reflexiones que os acabo de comentar, ¿cómo de trascendental es la creencia en el propio proceso de la venta? y ¿cómo repercute directamente en la sensación que tú generas en tu cliente?

Te invito a que tomes conciencia de las creencias que te acompañan en estos procesos de venta y me cuentes.

Puedes encontrarme en: formación@gemaflores.eswww.gemaflores.es

Youtube: GEMA FLORES

Cambia el estado emocional de tu cliente

Cambia el estado emocional de tu cliente

El miedo al fracaso de tu cliente y, especialmente, conseguir el cambio del estado emocional del mismo son temas imprescindibles a tener en cuenta a la hora de vender.

Una práctica habitual en los procesos de venta es intentar cambiar el estado emocional del cliente a través de una conversación más relacional, en la que abordamos temas más familiares, o de amigos o de hobbies, con preguntas tipo: ¿qué tal has pasado el fin de semana? o ¿qué tal las vacaciones? Es decir, utilizamos el plano personal para desviar la atención del foco de la venta con el objetivo de que el cliente se relaje. El empleo de esta estrategia es interesante, aunque no minimiza el miedo al fracaso, ya que en el momento en el que se retoma la conversación para centrarse sobre el producto o servicio en cuestión, automáticamente el cliente se pone de nuevo a la defensiva.

Una alternativa útil que suelen utilizar los comerciales más exitosos es poner el foco de atención de nuevo en el cliente. Lo hacen de una manera sutil evitando que suene a imposición y a través de la reflexión. Para ello, usan una serie de preguntas dirigidas con el fin de evidenciar el problema que tiene el cliente. De esta manera, consiguen mostrar al cliente que el producto que comercializan puede ayudarles a resolver ese problema que han evidenciado.

Es indudable que uno de los motivos fundamentales por los cuales compramos es para resolver los problemas que tenemos, del mismo modo que hacemos cambios en nuestra vida cuando hay una necesidad mayor para hacerlo. Por ejemplo, nos ponemos a dieta cuando el médico nos lo prescribe por salud ante un riesgo de infarto.

Por tanto, se puede afirmar que cambiamos cuando sentimos la necesidad de hacerlo y compramos cuando sentimos que necesitamos resolver un problema.

Un ejemplo clarificador

A través de un claro ejemplo se puede ver mejor todo esto. Imagina que quieres vender un champú hecho con un ingrediente natural que es la ortiga blanca. Sabes que este ingrediente es fantástico para la caída del cabello, ya que está comprobado que la ortiga blanca aumenta el riego sanguíneo del cuero cabelludo. Ahora piensa que tienes que vender este producto en un stand en una feria de productos naturales y se acerca un cliente preguntándote por el producto. ¿Qué harías?

Lo que habitualmente hacemos es contar todas las bondades y beneficios del producto a nuestro cliente antes de saber si para él es interesante o si tiene realmente un problema de caída del cabello. Que el cliente pregunte por el producto no significa que tenga ese problema. Por el contrario, y a diferencia de esa manera de actuar, puedes pensar en lo que puedes hacer por tu cliente. No es lo mismo decir: “este champú es para la caída del cabello porque tiene ortiga blanca”, que realizar a tu cliente otro tipo de cuestiones más específicas como: ¿qué tipo de champú sueles usar?, ¿qué champús te gustan más? o ¿buscas un champú que te ayude a resolver algún tema concreto?

Igualmente, puedes dejar que sea el propio cliente el que haga el puzzle y una las piezas entre lo que tú le cuentas y lo que necesita. O, tal vez, puedes ayudarle a montar ese puzzle a través de las preguntas adecuadas.

La clave está en evidenciar el problema que tiene tu cliente y mostrarle cómo tu producto puede ayudarle a resolver este problema. De esta manera, para vender el champú de ortiga blanca podrías empezar conociendo si tu cliente tiene problemas de caída del cabello o no los tiene, y en el caso de una repuesta afirmativa, ver si a tu cliente esto le supone un problema.

Curiosidad no es interés

Se tiende a pensar que cuando un cliente pregunta por un producto es porque tiene un mínimo interés. Esto, a diferencia de lo que se cree, es mucho suponer. A veces confundimos la curiosidad con el interés, por lo que es importante no dar las cosas por supuestas. La clave para salir de dudas es necesario saber si tu cliente tiene un problema y si es importante ese problema como para comprar un producto que le ayude a resolverlo.

No hay que olvidar que al final eres tú, el vendedor, el que proporcionas una solución con tu producto. Hay que tener muy en cuenta que no es lo mismo hablar de las ventajas que tu producto aporta a un problema, que hablar de los problemas para dar con la solución.

La supervivencia del cerebro

Otro truco necesario para cambiar el estado emocional de tu cliente es saber que, según la neurocientífica Sonia Lupien, nuestro cerebro es un experto buscador de amenazas.

Sonia Lupien lleva 20 años realizando estudios sobre los procesos de estrés. A través de ellos, ha podido evidenciar que el cerebro busca de manera instintiva e inconsciente la amenaza. Es decir, que deposita la atención en lo que puede impedir nuestra supervivencia.

Es muy importante saber esto porque no somos conscientes de que en las ventas agresivas invadimos el espacio del otro y es en este momento, en el que tu cliente se siente invadido, cuando cierra automáticamente las compuertas y deja de comprar. Cada vez que nuestro cerebro detecta algo que supone una amenaza, ya sea para nuestro tiempo o para nuestra vida, se genera la hormona del estrés e inmediatamente aportamos energía para huir de la situación.

Conociendo esto, la pregunta a responder sería la siguiente: ¿De qué depende que valoremos una situación como amenaza? Nuestro cerebro nos va a dar la respuesta, ya que funciona de una manera bastante interesante. Por un lado, se nutre de las experiencias pasadas que hemos vivido para realizar una valoración de una posible amenaza y lanza una respuesta. Por el otro, se nutre de supuestas hipótesis de lo que puede suceder. Es decir, imagina qué puede suceder en el futuro y se prepara para ello.

Por lo tanto, nuestro cerebro coge del pasado y proyecta al futuro para hacer una predicción.

El cerebro, sin darnos cuenta, es instintivo y busca protegernos, lo cual es bastante importante que lo tengamos siempre presente.

Otro ejemplo clarificador

Imagina que hace tiempo que no montas en bicicleta y alguien te plantea volver a cogerla de nuevo. Inmediatamente, tu cerebro, aunque tú no seas consciente de ello, va a traer a tu cabeza, al momento presente, los recuerdos que tienes en tu historial personal montando en bicicleta. Si esos recuerdos son placenteros será algo muy positivo para ti, ya que tu cerebro te llevará a realizar la acción de montar en bici, debido a esa experiencia ya vivida y disfrutada de una manera favorable.

El problema surge cuando tu cerebro retoma experiencias negativas donde tú hayas tenido algún tipo de percance, como una caída o un susto. En ese preciso momento lo recupera de tal manera que directamente te va a conducir a una emoción de miedo para evitar que te pueda pasar algo de nuevo, al igual que ya te pasó alguna vez en el pasado. Por lo tanto, el cerebro utiliza el miedo para impedir que tomes la decisión y lo usa cuando se siente amenazado, puesto que está diseñado para ayudarnos a sobrevivir. En base al viaje al pasado y a la proyección del futuro, toma decisiones.

Es importante que tomemos conciencia de esto, porque si tu cerebro se imagina montando en bici disfrutando del viento y del paisaje, esto te invitará a la acción. En cambio, si tu cerebro imagina una situación de caída no tendrás ganas de coger la bicicleta.

De todo ello, se evidencia una premisa fundamental. Tanto el pasado como el futuro son  imprescindibles y hay que tenerlos en cuenta para todo proceso de venta. Si yo quiero producir el sí en el cliente y cambiar su estado emocional, necesito sí o sí llevarlo a situaciones de éxito pasadas y controlar sus proyecciones sobre el futuro.

Ejemplos de éxito

Una vez visto todo esto, surge una duda. Si no conocemos bien al cliente, cómo sabremos qué es lo importante para él a la hora de decidir y, sobre todo, a la hora de emocionar con respecto al pasado. Para resolver este problema, una opción interesante es utilizar las estrategias que se usan en el formato teletienda, como por ejemplo, mostrarte el antes y el después de otros clientes que utilizaron un determinado producto.

Volviendo al ejemplo anterior del champú de ortiga, puedes hablar del antes y del después de los clientes una vez que compraron y usaron el champú. Esto son experiencias de éxito. De hecho, esta técnica es comúnmente utilizada por las grandes corporaciones en televisión, en revistas y en anuncios publicitarios. Además, para la proyección al futuro puedes utilizar la coletilla “imagina que…”, seguido de una descripción de la imagen que quieres sembrar en el cerebro de tu cliente.

Pon en práctica estas estrategias y me cuentas los resultados.

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El miedo al fracaso del cliente

El miedo al fracaso del cliente

¿Qué el miedo en una venta?

El miedo o inseguridad ante la venta es la emoción que más presente están en los procesos de venta. Hoy quiero acompañarte a conocer este aspecto clave a la hora de vender.

Tipos de miedo en la venta

En concreto, hay dos tipos de miedo:
El miedo al fracaso del cliente y el miedo al rechazo del comercial.
En esta entrada me voy a centrar en el miedo al fracaso de tu cliente.

El miedo al fracaso del cliente

El miedo a fracasar de tu cliente es un temor inconsciente que se origina en base a una experiencia negativa. ¿Te acuerdas de ese producto que te lo vendían con milagroso y al final no fue para tanto? El cerebro funciona por asociación y en su afán de sobrevivir busca los recuerdos y experiencias negativas que nos posibiliten a hacerlo.
Todos, como clientes, hemos cometido errores a la hora de comprar. Esos errores, aunque no seamos conscientes, están operando en nuestra cabeza. La manera que tiene nuestro cerebro de protegerse es a través del miedo. Este miedo es la principal causa por la cual los clientes no compran. Cuando el cliente conecta con el miedo se ponen en estado de duda y si no sabemos gestionarlo, lo conduce hacia el NO.
Estos miedos suelen surgir en tres momentos de la venta.
En primer lugar en el inicio de la venta. Principalmente en venta que el cliente no espera. Cuando lo cogemos por sorpresa y no está preparado para un proceso de venta.
En segundo lugar cuando hablamos sobre el producto y el cliente no se ha planteado el comprarlo.
Y en tercer lugar a la hora de pagar. Aun que pueda sorprender, este es uno de los momentos en los que también aparecen los miedos del cliente.
En este post voy a compartir las principales claves para minimizar los miedos en el inicio de la venta, al igual que para los miedos a la hora de plantear de producto. Estas claves son muy importantes a la hora de reducir los miedos e inseguridades de nuestro cliente ante el proceso de compra.

Qué hacer cuando surgen miedo inicialmente.

En esos momentos donde la vulnerabilidad está latente, tanto del cliente como del comercial (recordemos que el comercial también tiene miedo al rechazo). Es fundamental generar credibilidad. Poner el foco en la realidad del cliente. Recuerda el protagonista es él y no tu ni tu producto.
Por ejemplo, en una llamada, o en una visita que tu cliente puede considerar inoportuna adelántate y dile:”Se que tienes muy poco tiempo y por eso voy a ser breve…” A continuación dale el beneficio que va a tener si te escucha.
OJO, esto en MUY IMPORTANTE. Sin hablarle de precio ni hablarle de producto. Ten esto muy presente en tus ventas: Los clientes no compran el producto por lo que es, sino por lo que hacen por ellos. Si realizar una pregunta de inicio como por ejemplo “¿Tiene un momento?” Corres el riesgo de que utilice esa pregunta como vía de escape. Por tanto hay grandes posibilidades de que te diga que NO. Por esto es fundamental que empatices y acompañes a tu cliente.
Después de este primer paso de atención, es necesario que hables de la realidad de tu cliente. Un ejemplo de esto puede ser los años que lleva tu cliente contigo o el lugar de residencia del cliente. Esto es fundamental. Cuando yo vendía curso de inglés siempre tenía en cuenta la ciudad donde llamaba y miraba en las páginas amarillas las academias de inglés qué había en esa localidad. De esta manera, yo me preparaba las llamadas lo más reales posible. Utiliza la realidad tangible para relajar el estado emocional del cliente. Si haces esto, tienes más posibilidades de que tu cliente te dejé continuar, y esto es muy importante.

Hablando del producto

Es preciso tener en cuenta que en el momento que hablamos del producto, el cliente se cierra y se tensa. Si lanzas demasiado pronto el producto, el cliente te va a decir que NO. Por todo esto, no hables del producto hasta que no conozcas, un poquito, la realidad de tu cliente. Por este motivo, es necesario que te hagas dos preguntas fundamentales que es necesario que te haga para gestionar esto:
La Primera es ¿Qué miedo tiene mi cliente antes de la compra de mi producto o servicio?
Y la segunda ¿de qué modo puedo resolver ese miedo?
O veremos mejor con un ejemplo. Imagína que vendes una suscripción mensual de un producto o servicio que el cliente no ha probado. El miedo surgirá inicialmente porque no lo ha probado ni sabe de que se trata. Por esta razón, es necesario que proporciones una respuesta que minimice ese miedo. Cuando el cliente tienen miedo, necesitas dosis de credibilidad por lo que puedes darle un dato relevante, hablarle de lo que hacen otros, e incluso darle la primera suscripción gratis para que pruebe.

La palabra Gratis

La palabra GRATIS es la que más vende y por este motivo ha sido la más utilizada en ventas. Lo que voy a decirte a continuación es clave. Ten mucho cuidado, ya que es importante dar algo gratis cuando el cliente está convencido de que necesita tu producto y no como gancho inicial para la compra. Cuando tú das algo gratis de inicio, sin haber generado ninguna necesidad, le está llevando a tu cliente inconscientemente al precio y no al valor de tu producto o servicio. Cuando nos dan algo gratis que no necesitamos nuestro cerebro directamente quita valor al producto o servicio.
No es lo mismo decir que le llamas para darle gracias una suscripción de un producto que ni se ha planteado que necesita. Que decir que el objetivo es ayudarle a resolver el problema del que hemos estado hablando antes.
Hemos visto la importancia de minimizar los miedos de tu cliente en dos momentos importantes. Al inicio de la llamada y al hablar de tu producto.
Te invito a que observes esto de lo que te estoy hablando y me lo cuentes.
Seguimos caminando juntos.

Neuroventa versus venta tradicional

Neuroventa versus venta tradicional

Tengo que confesarte que para mí es un verdadero placer poder acompañarte en esta maravillosa aventura de la venta y, por eso, hoy me gustaría empezar contándote un secreto: La venta tradicional ha muerto y las nuevas técnicas de venta están pidiendo su paso.

Ya sabes que soy entrenadora especializada en ventas y que llevo casi 20 años acompañando a profesionales de diferentes campos para mejorar sus porcentajes de venta. Durante todos estos años de experiencia y aprendizaje profesional he descubierto que el cerebro es la herramienta más potente que tenemos y, por ello, no he dejado de estudiarlo, de entrenarme y, especialmente, de entrenar a las personas para usarlo en su propio beneficio. Mi propósito principal en este blog es poder acompañarte y contarte las claves imprescindibles de su manejo para aplicarlas a la venta.

Seguramente te habrás dado cuenta de que vivimos en la era de la hiperconexión, es decir, aquella en la que hay una constante conexión de la gente a Internet. Se ha comprobado que al día recibimos más de 1500 inputs de información, de los que procesamos cerca de 80, siendo conscientes apenas de 15 de ellos. Estas cifras nos muestran que es necesario cambiar la forma de llegar a los clientes.

Al igual que yo, tú también eres cliente. En este sentido, ¿cómo te sientes cuando te interrumpen en la calle, en tu casa o por teléfono para ofrecerte un producto que ni siquiera has pedido? Lógicamente a no ser que te interese mucho, no sueles prestar atención. De hecho, ese mensaje queda en los 1500 inputs de los que hablábamos anteriormente. Tu cerebro no llega a procesarlo.

En un mundo tan cambiante no podemos vender de la misma manera que se hacía hace 40 años. Al igual que nos llama la atención lo poco que se ha adaptado la educación a los nuevos tiempos, podríamos decir que en la venta sucede lo mismo.

Sé de lo que hablo porque llevo vendiendo desde hace 20 años. Mi andadura profesional empezó con la venta telefónica de cursos de inglés de Home English. En ese momento, solo tenía dos herramientas, el teléfono y el listín telefónico. Gracias a ello, soy muy consciente de que la venta ha cambiado y, por eso, me gustaría contarte cuál es el nuevo enfoque y en qué se diferencia la venta tradicional de la neuroventa.

Existen cuatro diferencias primordiales entre la venta tradicional y el nuevo código de la venta, conocido también como neuroventa. Para verlo más claro, vamos a utilizar un ejemplo de venta por teléfono. ¿Recuerdas cuándo fue la última vez que te llamaron por teléfono para venderte algo? Te invito a que rememores esa llamada para analizar qué componentes hay de venta tradicional en la misma.

En primer lugar, la venta tradicional pone el foco en el producto con frases como las siguientes: “te llamo para ofrecerte una promoción del producto x…”; “te llamo para regalarte el producto x…”; “te llamo para darte un descuento del producto x…”. Se puede observar que en todas ellas el claro protagonista es el producto.
La neuroventa, en cambio, pone el foco en el cliente como el protagonista indiscutible, y más en concreto, en aquello que necesita. De este modo, antes de vender se hace dos preguntas:
La primera: ¿En qué puedo ayudarte?
La segunda: ¿Qué beneficio puedo ofrecerte?

En segundo lugar, la venta tradicional utiliza una conversación unidireccional, en la que el comercial habla y el cliente se limita a escuchar. Todas las señales nos indican que esta ecuación es errónea, ya que la propia naturaleza nos muestra que tenemos que escuchar el doble de lo que hablamos, puesto que tenemos dos orejas y una boca. Este mantra es muy importante y hay que tenerlo en cuenta: Escucha el doble de lo que hablas. Por el contrario, la neuroventa, en su afán de mirar al cliente, establece un diálogo donde las preguntas y las respuestas fluyen de manera espontánea y natural.

En tercer lugar, la venta tradicional está enfocada en ir directamente a la razón centrándose en la descripción del producto con frases tipo “este producto es x…”. En cambio, la neuroventa utiliza el poder de la emoción para contarte lo que el producto puede hacer por ti, siendo tú el protagonista. Un ejemplo podría ser el siguiente: “teniendo en cuenta lo que me acabas de contar, puedes conseguir esto, que es tan importante para ti, gracias a x…”.

Por último, en la venta tradicional cada llamada es igual y, a veces, resulta incluso tediosa y aburrida. En contra, en la neuroventa cada llamada es distinta, ya que se adapta a la realidad de cada cliente.

Con todo esto, te propongo que estudies cómo es tu proceso de venta, ya sea a través del teléfono o en el cara a cara. Además, te invito a que reflexiones y analices en qué zona te encuentras actualmente y que tomes consciencia de hacia dónde te quieres dirigir, hacia una venta más tradicional o hacia técnicas más modernas y actualizadas como es la neuroventa.

Seguimos caminando juntos.