¿Cómo poner el precio a tu producto o servicio?

Ponerle precio a tu producto o servicio

Un aspecto influyente y fundamental a la hora de vender es el precio. Normalmente cuando vendemos por primera vez un producto y tenemos que ponerle precio nos cuesta poner una cifra. En este sentido, las grandes empresas utilizan dos aspectos importantes relacionados con el funcionamiento de nuestro cerebro para poner los precios.

Ante la disyuntiva de qué es mejor comprar, una camisa con un precio fijo de 50 euros, o la misma camisa con un precio de 100 euros, con un descuento del 50% en época de rebajas, ¿qué preferirías?

Tal vez estés pensando que es más conveniente el primer precio puesto que tiene un valor fijo. Sin embargo, la segunda opción hace que hagamos una comparación entre dos cifras, algo que utilizamos a la hora de decidir comprar. Esto es debido a que nos cuesta encontrar el valor de los productos o servicios sin una referencia. Es decir, ¿cómo sabes el valor de un piso o de un coche si no lo comparas con otros?

En el momento en el que nos cuesta establecer el valor de algo, lo comparamos con otras cosas, bien sea un producto de la competencia u otras versiones del mismo producto. De hecho, solemos comparar solamente con solo una o dos cosas, y ahí es donde nuestro cerebro nos induce a error.

¿Por qué nos resultan más atractivas las ofertas y los descuentos? Porque el importe inicial nos sirve de valor para comparar. Comparamos el precio actual con el que tenía antes de ser rebajado para calcular su valor real.

Nuestro cerebro necesita un contexto de comparación para poder actuar y utiliza la comparación en facetas muy distintas de la vida, como es también la de la alimentación. Decidimos comer en función de las alternativas que tenemos disponibles. Por ejemplo, imagina que tienes que elegir entre tres tipos de hamburguesas, una de 100 gramos, otra de 150 gramos y una tercera de 200 gramos. ¿Cuál de ellas elegirías?

Quizás has elegido la opción intermedia, la hamburguesa de 150 gramos porque es la elección más habitual, ya que nuestro cerebro determina que es la mejor opción comparativamente.

¿CÓMO FUNCIONA TODO ESTO EN LA VIDA COTIDIANA?

Imagina que vas a comprar un coche y tienes la intención de pagar una cuantiosa cifra de entre 15.000 y 20.000 euros. Probablemente el comercial que te lo va a vender te invite a poner unos extras al coche que, comparativamente con la cifra del coste total, te van a resultar baratos. Un suplemento de unos 200 o 300 euros te supondrá una ganga si lo comparamos con ese importe global.

Siguiendo la misma línea, ¿alguna vez te has preguntado por qué en las cajas de los supermercados hay chicles y otro tipo de productos con un importe económico bajo, a un euro o incluso a menos? La respuesta está en que con ellos se busca inducir a la compra, ya que ¿cuánto nos supone 1 euro en comparación con la suma total de la compra realizada? Es evidente que pensaremos que poco y, por eso, lo compraremos.

Es importante saber que cuanto más fácil se lo pongamos al cerebro mucho más sencillo nos resultará que nos compren.

La importancia de facilitar la compra en el cerebro

Continuando con el funcionamiento del cerebro, te invito a que pienses cuál de las dos siguientes preguntas responderías con mayor rapidez: ¿qué te apetece comer? o ¿prefieres carne o pescado para comer?

La primera pregunta deja demasiadas opciones abiertas para tu elección, por lo que tu cerebro necesita utilizar energía para pensar qué es lo que quiere. Cuanto más amplia y más complicada sea la elección, tendrás menos probabilidades de que te compren. En cambio, con la segunda pregunta se acota la elección a dos opciones, por lo tu cerebro tendrá una respuesta más rápida y la comparación será más sencilla.

Por lo tanto, si quieres tener éxito a la hora de vender, deberías considerar que dicho éxito reside en dos premisas esenciales:

1-Solemos comparar a la hora de tomar decisiones, por lo que necesitas establecer un valor inicial sobre el cual comparar.

2-Optamos por la comparación más sencilla. Cuando nos muestran una comparación sencilla olvidamos el resto de opciones, por lo que se acota la comparación a dos o como máximo a tres opciones.

Todo esto lo puedes evidenciar en un sencillo ejemplo. A la hora de mirar una carta en un restaurante ¿qué te resulta más sencillo, elegir un menú o decidir entre todos los platos de la carta? Esta comparativa que utilizamos y la tendencia a escoger la opción más fácil nos invitan a caer en numerosos tipos de manipulaciones e influencias.

Imagina que quieres adquirir una suscripción mensual a una revista y tienes 3 opciones. ¿Cuál de ellas elegirías?:

  • Una primera de 29 euros anuales por la versión on line.
  • Una segunda de 62 euros anuales por la versión escrita.
  • La última de promoción de la revista en versión escrita y en versión on line por 62 euros anuales

¿Qué opción has elegido? ¿La número 3? Es normal que la hayas elegido debido a que la comparativa que se presenta, demuestra que es la tercera la mejor de las opciones. Pero, ¿qué pasaría si eliminásemos la opción 2 y tuvieras que elegir entre la primera y la tercera solamente? Es decir, los 29 euros frente al doble de precio, los 62 euros. Probablemente, en este momento, te decantarías por la opción más barata, la número 1, y, como consecuencia de esa elección, te pondrás miles de excusas que lo justifiquen. Igualmente, volviendo a las tres opciones, la segunda, de 62 euros por la versión escrita, puede condicionarte de alguna manera para que elijas la tercera opción, donde se incluyen las dos suscripciones juntas.

Caso de éxito en ventas

Esta misma situación que acabas de experimentar la utilizó la revista The Economist para aumentar sus beneficios económicos, de tal forma que logró triplicar las ventas con la opción conjunta, similar a la número 3 anteriormente vista.

Y tú, ¿cómo sueles actuar a la hora de mostrar los precios de los productos o servicios que vendes? Si necesitas ayuda para poner tus precios estaré encantada de ayudarte.

Puedes encontrarme en: formación@gemaflores.eswww.gemaflores.es; Youtube: GEMA FLORES

Paint point – Punto de dolor en la compra

Paint point – Punto de dolor en la compra

En anteriores artículos he tratado el tema del miedo del cliente a la hora de comprar y, en esta ocasión, me gustaría que conocieras que también hay dolor en el proceso de compra.

Seguramente muchas veces habrás visto anunciado algún spot en el que se te dice: “Compra hoy y paga el año que viene”. Esto es muy común en las grandes empresas, ya que saben muy bien que para inducir a la compra es necesario minimizar el dolor de pagar. Esto tiene su fundamentación en que cuando renunciamos a algo, todos, de alguna manera, sentimos dolor. En el momento de comprar estamos renunciando a esa cantidad de dinero que estamos abonando, lo cual nos genera una especie de dolor por el pago realizado.

En el momento en el que sentimos el dolor, instintivamente buscamos librarnos de él. Esto es importante tenerlo en cuenta en las ventas, ya que puede producir una reacción negativa a la compra en el momento justo de pagar, utilizando excusas como: “si en realidad, tampoco me hace falta” o “ya lo compraré en otro momento”. Es esencial que conozcas que esta situación está presente en todo proceso de compra, independientemente de si tienes la opción o no la tienes de modificar o incidir en los pagos en tu empresa.

Se ha demostrado que la cantidad de dolor que tu cliente sienta en el momento de pagar es el resultado de dos variables diferenciadas:

  • El tiempo. En concreto, el tiempo que transcurre desde que el dinero sale de nuestra cartera y consumimos el producto que hemos pagado.
  • La atención que prestamos al acto de pagar en sí mismo. No es lo mismo pagar en metálico que con tarjeta. Cuando tenemos dinero en metálico prestamos más atención, ya que tenemos que contar la cantidad que tenemos que dar y el cambio que nos van a devolver. De esta manera, somos más conscientes de lo que pagamos.

La unión de estas dos variables nos da la siguiente fórmula matemática:

DOLOR DE PAGAR = TIEMPO + ATENCIÓN

Este hecho, como ya dije antes, lo conocen muy bien las grandes compañías y lo utilizan a su favor estableciendo fórmulas para evitar, en la medida de lo posible, esta sensación de dolor que siente el cliente en el momento del pago. Actúan de esta manera porque está comprobado que cuando eliminamos el dolor de pagar, gastamos más libremente y disfrutamos mayormente de lo que compramos.

En este sentido, podemos decir que hay tres momentos en los que se puede pagar:

  • Antes de disfrutarlo (Prepago): sucede, por ejemplo, cuando pagas las vacaciones por adelantado.
  • Durante el consumo (Micropago): como cuando vas al fisioterapeuta y lo pagas.
  • Después del consumo (Postpago): ocurre cuando te dicen compra ahora y paga dentro de tres meses.

El momento concreto en el cual se paga algo influye en nuestras decisiones de compra. De esta forma, cuando la sensación de pagar está activa se modifica el patrón de gasto.

Pagamos más cuando pagamos antes y cuando pagamos después. Cuando el pago y el consumo coinciden, se disfruta menos de lo comprado.

Cuando pagamos antes del consumo, no asociamos la sensación de dolor de pagar a la experiencia o producto y esto es vital para influir en la sensación del valor proporcionado a la experiencia. Un buen ejemplo de esto lo encontramos en Amazon, que ha conseguido que los pagos por los gastos de envío se realicen por anticipado mediante suscripciones, posibilitando hacer compras sin tener que pagar esos gastos de envío cada vez que decides comprar un producto. El objetivo de esta propuesta es provocar que sintamos menos dolor a la hora de adquirir algo.

Por el contrario, pagar por las cosas en el momento en el que las estamos consumiendo nos hace conectar más con el dolor de pagar y también disminuye el placer de su consumo, por lo que las ganas de repetir probablemente disminuyan.

Tendemos a valorar menos el dinero futuro que el dinero presente.

Cuando planeamos pagar una cantidad de dinero en el futuro, nos duele menos que cuando tenemos que pagar esa misma cantidad en el momento presente, de tal forma que cuando más lejos esté el futuro, menos nos duele en la actualidad.

Para concluir y poniendo el foco en esta afirmación, quiero recomendarte un par de cosas. Por un lado, que establezcas un sistema de bonos o el descuento de pago por adelantado para que cuando el cliente disfrute de la experiencia no tenga que pagarla. Y, por otro, que introduzcas, si es posible hacerlo, la posibilidad del pago aplazado, a través del conocido y efectivo eslogan “compra ahora y paga más tarde”.

Ya me contarás que opción pones en marcha.

Puedes encontrarme en:formación@gemaflores.eswww.gemaflores.es; Youtube: GEMA FLORES.

Dos trucos para vencer tus miedos a la venta

Dos trucos para vencer tus miedos a la venta

En un artículo anterior, “El miedo al fracaso del cliente”, hice hincapié en que en toda venta existen dos tipos de miedos, el miedo al fracaso del cliente y el miedo al rechazo del comercial. En esta ocasión nos vamos a centrar en el mundo del miedo del comercial, es decir, en sus propios miedos.

Hay que partir de la base de que el miedo es una emoción de supervivencia muy útil porque nos avisa de las posibles amenazas. No obstante, es una emoción que hay que saber gestionarla, ya que puede atraparte e impedir que vendas.

Si estas empezando a vender o sientes que con clientes nuevos el miedo te acompaña, te invito a que leas con detenimiento este artículo, puesto que vamos a ver dos técnicas muy potentes para el manejo de estos miedos.

¿CUÁNDO SENTIRÁS MIEDO?

El miedo funciona de manera inconsciente en nuestra cabeza. Cuando sientes miedo es porque en nuestro cerebro aparece una balanza donde, por un lado, se encuentra la amenaza que nos produce ese miedo y, por el otro, están los recursos para resolverla. El miedo aparece cuando esa balanza se inclina hacia la amenaza.

Centrándonos en las ventas, posiblemente alguna vez has tenido que ir a visitar a un nuevo cliente que no conoces y lo postergas día tras día. Miles de excusas invaden tu cabeza para justificarte que no has podido ir a visitarlo. Con las llamadas de venta sucede lo mismo.

¿POR QUÉ SUCEDE ESTO?

Nuestro cerebro en su afán de protegernos genera en nosotros la química de la emoción del miedo para evitar la negativa del cliente. Es decir, aumenta el poder de la amenaza para evitar el “no” del cliente. Aunque como dijimos antes, el miedo es una emoción de supervivencia que nos protege, es necesario saber utilizarla adecuadamente.

Truco esencial para minimizar el impacto del “no” de tu cliente.

El primer truco para gestionar el miedo es poner peso en los recursos necesarios para resolver la amenaza.

Para poder vislumbrar con más claridad esta afirmación, intenta imaginar al hombre de Cromañón enfrentándose a un animal peligroso. En un primer momento ese hombre conecta con sus miedos y su primera reacción es salir corriendo. Sin embargo, la necesidad primaria de alimentarse tan importante para la supervivencia humana y la propia escasez de alimentos, provocó que dicho hombre resolviera sus miedos dando poder a los recursos adecuados para satisfacerla, tales como lanzas, trampas y la consecuente ayuda de otros compañeros.

Esta situación cotidiana en la vida prehistórica nos muestra que en muchas ocasiones la necesidad agudiza el ingenio. En este sentido, hay un recurso lingüístico muy útil que podemos aplicar cuando uno siente miedo, el cual consiste en hacerse la siguiente pregunta: ¿Qué recursos me pueden ayudar a resolver esta situación?

Extrapolando todo esto al mundo de las ventas se pueden minimizar los miedos al rechazo preparando la visita o la llamada telefónica con el cliente. Previamente al primer contacto, podemos hacernos una serie de preguntas para prepararlo de una manera más efectiva, tales como: ¿qué conozco del sector dónde trabaja mi cliente? o ¿de qué manera puedo presentarme para que no le resulte aburrido escuchar el mismo discurso de siempre?

Hay que recordar y hay que tener muy en cuenta que los clientes solemos rechazar la venta por varios motivos. Algunos de ellos son por el miedo o aversión a la pérdida, por la falta de deseo, porque le suene a lo mismo de siempre o porque el cliente no perciba el valor de la oferta.

En este sentido, teniendo esto en cuenta, por lo que respecta a tu respuesta a la pregunta anteriormente realizada sobre los recursos que puedo poner en marcha, puede darse el hecho de que tu cliente desee lo que le propones con toda facilidad, o bien, debes emplear esos recursos de una manera distinta para que el cliente valore lo que le ofreces.

Truco esencial para conectar con el “sí” en la venta.

EL SEGUNDO TRUCO

El gran neurocientífico de la emociones Antonio Damasio afirma que “para contrarrestar la química del miedo necesitamos una emoción de igual o mayor intensidad”. De esta manera, el primer paso en todo proceso de venta es entrenarte para estar en el “sí”, ese “sí” que te impulsa, ese “sí” que te motiva.

Esto significa que tienes que cambiar tu estado interno de manera voluntaria para conseguir conectar con una emoción potenciadora como puede ser la alegría o el entusiasmo. De hecho, la palabra entusiasmo tiene su raíz en el griego “en-theos”, es decir, “que lleva un Dios dentro”. Se expresa como apasionamiento, fervor, audacia y empeño. “Cuando transfieres entusiasmo es como si se generase una conexión eléctrica”.

¿QUÉ TE ENTUSIASMA?

¿Recuerdas la última vez que te entusiasmaste? Es importante aprender a conectar con momentos de entusiasmo que te posibiliten cambiar la química emocional. De esta forma, te resultará más sencillo transferir una emoción potenciadora a tu cliente.

Si quieres seguir profundizando en este tema te recomiendo que me sigas en mi canal de Youtube: GEMA FLORES.

Además, puedes encontrarme en:

formación@gemaflores.es

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